viernes, 15 de agosto de 2014

¿Por qué las mujeres ganan menos dinero en América Latina?

La vida de las mujeres ha experimentado una transformación extraordinaria con la llegada del nuevo milenio y, hoy en día, las mujeres constituyen el 40 por ciento de la fuerza de trabajo mundial, sin embargo, en América Latina, continúan ganando de promedio un 17 por ciento menos que los hombres, según el estudio 'Nuevo Siglo, Viejas Disparidades', del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La brecha salarial continúa existiendo, a pesar de que sea el momento en la historia en que hay más niñas y mujeres escolarizadas y de que la mujer viva, de media, más tiempo que el hombre. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha definido la brecha salarial como la "diferencia existente entre los salarios de los hombres y los de las mujeres expresada como un porcentaje del salario masculino".

De hecho, reducir la brecha salarial está incluido dentro de uno de los objetivos de desarrollo del milenio, establecidos por el Banco Mundial (BM) en la Cumbre del Milenio celebrada en el año 2010, en la que se aprobó un plan de acción mundial para erradicar los grandes males que afectan a todos.

El BM reconoció entonces, estableciéndolo como objetivo del milenio, la importancia de lograr la igualdad de género, por su valor intrínseco e instrumental, a través de cuestiones que incluyeran las mismas oportunidades económicas o la integración en la sociedad.

A pesar de los muchos pasos dados para conquistar la igualdad, las mujeres latinoamericanas continúan ganando menos dinero, algo que se explica por los prejuicios que forman parte del imaginario colectivo y que pueden establecerse en cinco mitos sobre la brecha salarial.

LA BRECHA SALARIAL SE HA REDUCIDO

Durante la última década, la brecha salarial no se ha reducido en absoluto. De hecho, se hizo aún más profunda entre 2005 y 2008 y, de nuevo, entre 2011 y 2012, según datos del Instituto de Investigación de Políticas sobre la Mujer (IWPR, por sus siglas en inglés), que ha estimado que habrá que esperar hasta 2056 para alcanzar la igualdad, siendo optimistas.

LAS INDUSTRIAS EN QUE TRABAJA LA MUJER, PAGAN PEOR

Otro falso mito es que las mujeres trabajan en sectores que pagan menos. Es cierto que hay muchas mujeres que se dedican a trabajo social o educación y más hombres en puestos de ingeniero, pero también es cierto que los hombres tienden a ascender más rápidamente que las mujeres, especialmente, cuando son blancos, según ha publicado el diario estadounidense 'The Washington Post'.

LAS MUJERES GANAN MENOS PORQUE NO SABEN NEGOCIAR

Las mujeres todavía tienen que responder a ciertas expectativas de delicadeza que no cuajan bien con el espíritu negociador y agresivo, algo que se podría resolver con mayor transparencia en los ascensos, promoción por méritos y una conciencia clara de las razones que guían a los jefes.

LAS MUJERES GANAN MENOS PORQUE QUIEREN SER MADRES

Existe un prejuicio acerca de las mujeres que trabajan mucho y son madres, como si fuesen menos dedicadas en el hogar y menos competentes en el trabajo. Sin embargo, cada vez son más los estudios que avalan la teoría de que la maternidad hace que la mujer sea mejor resolviendo problemas, recordando datos y superando situaciones de estrés.

REDUCIR LA BRECHA SALARIAL ES REDUCIR LA DISCRIMINACIÓN

La discriminación es ilegal, por eso, las formas en las que persiste suelen ser escurridizas y difíciles de frenar a través de la legislación, como en el caso de la brecha salarial. Una posible solución sería el sistema de compensaciones en el trabajo, en el que se premiase el trabajo de alta calidad, por encima del número de horas destinadas. Esta alternativa permitiría que las mujeres pudiesen destacar igual que los hombres, aún dedicando tiempo a sus hijos.

Fuente: notimerica

jueves, 14 de agosto de 2014

Cristian Castro: "Soy lesbiana y me gustan las mujeres"

  • En una entrevista con la revista TVyNovelas el cantante mexicano Cristian Castro afirmó que se siente como una lesbiana y le gustan las mujeres. Además admitió la admiración por la sensibilidad que según él poseen los homosexuales y aseguró que se ha relacionado con unas dos mil mujeres
El cantante mexicano volvió a la polémica por sus declaraciones, esta vez Cristian Castro se refirió a las especulaciones sobre su sexualidad.

En una entrevista con la revista TVyNovelas Castro afirmó que se siente como una lesbiana y le gustan las mujeres.

"Creo que más que habite un homosexual dentro de mí o que vivo en un cuerpo equivocado, soy una lesbiana. Soy una mujer y me gustan las mujeres”, expresó el hijo de Verónica Castro a la revista TVyNovelas Puerto Rico.

Además el cantante mexicano admitió la admiración por la sensibilidad que según él poseen los homosexuales.

"Los quiero mucho. Siento mucha admiración por la sensibilidad que tiene la gente homosexual".

El cantante aseguró en la entrevista que por su habitación han desfilado cerca de dos mil mujeres, dándole rienda suelta a su imaginación y recalcó que toma las precauciones .

“Me protejo y también a todas mis novias; me hago las pruebas de rigor una vez al año y uso preservativos”, finalizó.

Fuente: laverdad,com

Hablar con amigas es tan bueno como ir al psicólogo

  • Un estudio de la Universidad de Michigan concluyó recientemente que la socialización reduce el estrés y la ansiedad de las mujeres. ¿La razón? Cuando ellas se sienten cercanas a otras aumentan sus niveles de progesterona, la hormona de las emociones positivas.
Según los investigadores estadounidenses, esta sustancia, que fluctúa con el ciclo menstrual, promueve afectos y conductas más benévolas con el entorno. En otras palabras, facilita la vinculación social.

Los científicos examinaron la relación entre cercanía interpersonal y progesterona de 160 mujeres. Con tal fin, mediante muestras de saliva, midieron la presencia de esa hormona y los niveles de estrés. Además, analizaron sus ciclos menstruales.

De esa manera, después de ponerlas a trabajar en parejas, al azar, los investigadores pudieron comprobar que los niveles de progesterona de las mujeres a las que se les asignó la realización de tareas emocionalmente neutras disminuyeron, mientras que los de aquellas que participaron en el ejercicio de acercarse a otra se mantuvieron o se elevaron.

Pesquisas anteriores habían revelado que el nivel de progesterona es directamente proporcional al deseo de vincularse con otros, pero esta investigación demuestra, así mismo, que las relaciones humanas aumentan la producción de esta hormona.

“Estos vínculos nos pueden ayudar a entender por qué la gente que vive en relaciones muy cercanas es más feliz y más sana y vive más que los que están socialmente aislados”, le dijo a la agencia Efe la doctora Stephanie Brown, autora principal del estudio.

La psicóloga Argelia Medina, profesora de la Universidad Javeriana, considera que conversar puede aportarle tanto a una persona como una terapia psicológica. “Compartir permite relajarse, sacar las preocupaciones y recibir consejos”, señala.

No obstante, aclara, no es recomendable entablar conversaciones íntimas con cualquier persona, sino con gente que inspire confianza y seguridad.

“Cuando uno habla con otra persona se da cuenta de que no es el único al que le pasan determinadas cosas, y eso puede conducir a un desahogo”, explica la también psicóloga Sandra Zea. Cuando las personas se guardan las cosas y no socializan, pueden caer en reacciones impulsivas, sensación de soledad y hasta resentimiento, advierte la experta.


Zea cree que las mujeres, por su naturaleza de madres y cuidadoras, se acostumbraron a formar redes de apoyo. Por eso, añade, siempre han sido más sociales que los hombres, y las conversaciones entre ellas, mucho más emocionales.

Eso no significa que los varones no socialicen o que no disfruten de sus charlas. De hecho, los especialistas insisten en que ellos obtienen de sus relaciones beneficios similares a los que reciben las mujeres.

A juicio de María Isabel González, directora del programa de psicología de la Universidad del Rosario, el hecho de que la mujer sea más verbal que el hombre tiene que ver con diferencias culturales. “A las mujeres se nos permite hablar de temas banales, y esas conversaciones, además de ser divertidas, en muchos casos liberan estrés”, concluye.

Seis consejos para vivir más tranquilos y con menos estrés

Recomendaciones de la psicóloga de familia Nohra de la Espriella:

- Busque a un amigo de entera confianza para compartirle sus preocupaciones o las situaciones que lo estresan.

- Sálgase de los ambientes que le generan estrés y ábrales campo a actividades de socialización, como tomarse un café o comer con sus amigos. Así se liberan preocupaciones y se generan temas para futuras conversaciones.

- Disfrute de los juegos de mesa, que imponen retos mentales inmediatos y divertidos y fomentan la sana competencia entre amigos.

- Por afanado o alterado que esté, tómese un instante para tranquilizarse; respire profundamente varias veces. La ira puede llevarlo a cometer actos impulsivos de los que se arrepentirá después.

- Tómese el tiempo de escuchar a los demás. Muéstrese sinceramente interesado en el otro y en brindarle apoyo.

- Si no se siente seguro de compartir con alguien más lo que le pasa, escríbalo. Es una gran herramienta terapéutica. Mediante la escritura las personas liberan tensiones.

“¿Tienes la regla?” Las actitudes machistas que sufren las mujeres en el trabajo

  • La paridad de género o la desaparición de la brecha salarial entre hombres y mujeres son dos iniciativas que contribuyen a la reivindicación del sexo femenino en el entorno laboral, pero la discriminación tiene raíces más profundas y también hace referencia a actitudes consolidadas pero invisibles para muchos. 
Algunas de ellas son plenamente conscientes, mientras que, en otros casos, el que incurre en ellas ni siquiera se da cuenta de las implicaciones de su comportamiento. Tanto es así, que algunas mujeres atentan contra la igualdad de su propio género sin saberlo.

¿Cuáles son los comportamientos machistas más habituales? El proyecto Machismos Cotidianos (o Everyday Sexism), del que ya hemos hablado aquí en alguna ocasión y que cada vez cuenta con más adeptos, es una buena fuente de anécdotas, como las que han sido recogidas en el periódico británico The Guardian. Como recuerda su impulsora Laura Bates en una entrevista, si no decimos “ha sido una pequeña discriminación racista, no pasa nada”, tampoco deberíamos hacer lo mismo cuando la víctima sea una mujer.

Que te confundan con la secretaria

Durante muchos años, la mujer no podía aspirar a un puesto que no fuese administrativo o de apoyo. Por ello, como señala una participante, suelen confundir a una mujer que toma notas con una secretaria. Incluso en el caso de que el resto de compañeros sepan que, efectivamente, no lo es, ciertos lugares comunes como que las mujeres son más organizadas provocan que se espere que sean ellas las que hagan el trabajo sucio: “Soy la directora del departamento de captación de fondos de mi compañía de caridad, pero cada vez que acudo a una reunión con un hombre, le saludan y se dirigen a él primero”.

Que te confundan con la camarera

Una variante de la situación anterior en la que una mujer cuenta cómo, debido a que era la única en una reunión de altos cargos, se le preguntó si podía servir un café con dos terrones de azúcar (a pesar de llevar un informe entre sus manos).

Que te digan “buena chica”

Aunque las fórmulas lingüísticas no se parecen demasiado entre el inglés y el castellano, la condescendencia implícita en ciertas formas de referirse a las mujeres es común. Una de las participantes explica cómo, harta de que su superior la llamase “buena chica” cuando expresaba una opinión interesante, decidió devolvérsela y llamarle “buen chico”. Su jefe se dio cuenta de ello y, aunque comprendió su actitud, le recordó que no lo había hecho con mala intención.

Si te quejas, es que tienes la regla

Una respuesta habitual y fomentada por el chascarrillo humorístico es achacar todos los cambios de humor, quejas y arrebatos de furia a la menstruación. Algo no sólo enormemente sexista, sino que también implica que no se aborde el fondo del problema, puesto que no se trata más que de un arrebato repentino. “¿Estás en ese momento del mes?” fue la respuesta que la compañera de una de las autoras recibió después de leer la cartilla a un compañero que no había cumplido los plazos previstos en la entrega de documentos.
“¿No se puede poner un hombre?”

Tradicionalmente, el sexo masculino ha ocupado los puestos de responsabilidad, lo que provoca que muchos esperen que sea un hombre quien pueda marcar la diferencia ante una petición. De ahí que muchas ven cómo sus clientes solicitan que se ponga pronto alguien de otro sexo puesto que, parece ser, ayudará antes a resolver el problema.
Tener una idea, que te la rechacen, y que un hombre la repita entre los aplausos de los compañeros

No nos engañemos: nuestra predisposición a aceptar o rechazar una idea no depende tanto de la brillantez de la misma como de dónde venga. No hace falta ser una mujer para sentir cómo tus propias ideas suenan mejor en la boca de un superior o del niño bonito de la oficina, pero en el caso de las mujeres, es aún peor. Esto implica otra variante: hacer oídos sordos a lo que esta dice y repetirlo, acto seguido, como si se te hubiese ocurrido a ti. Probablemente encontrarás la aprobación de otros hombres.

Que te pregunten sobre tus perspectivas maternales

Muchos hombres, cuando miran a una mujer, no ven a una mujer, sino a una esposa, una novia… y, sobre todo, una madre. De igual forma que para los hombres su paternidad es casi irrelevante en términos laborales –o, incluso beneficiosa, en cuanto que es una forma de retener al trabajador–, para las mujeres puede ser decisiva a la hora de aspirar a un trabajo. Como explica una mujer en la página, dicha pregunta suele ser antecedida por un “sé que no debería preguntar esto, pero…”
Ser considerada un riesgo maternal

El corolario del anterior punto. Es imposible cuantificar la cantidad de mujeres que son rechazadas en una entrevista de trabajo por encontrarse en edad de tener hijos, puesto que la razón aducida siempre será otra, pero hay casos en los que esta objeción es expresada de forma manifiesta: “Me entrevistaron para una pequeña empresa cuando tenía poco más de 20 años”, explica una mujer en la página. “El dueño de la firma me dijo que no me iban a contratar porque probablemente me quedaría embarazada y pediría la baja, y que si contaba lo que había dicho lo negaría todo”.

Que te acusen de pensar como un bebé

En España el concepto de baby brain no se encuentra demasiado extendido, pero en el extranjero está más o menos aceptado que las mujeres experimentan cambios cognitivos después de ser madres, producto del período de crianza y la necesidad de comprender al bebé. Una de las mujeres del estudio explica cómo su jefe la relegó de su puesto de responsabilidad tras volver de la baja maternal puesto que consideraba que ya no tenía las mismas capacidades mentales que antes.
Ser acosada

Hasta ahora hemos recopilado actitudes sexistas relativamente sutiles, pero debemos recordar que el acoso laboral es más frecuente (y menos visible) de lo que nos gustaría pensar. Intentos de flirteo que terminan con el despido una semana después de un rechazo o sugerencias sexuales que derivan en un trato despótico contra la mujer son historias que se repiten entre las colaboradoras de Everyday Sexism Project.

Fuente: elconfidencial.com