jueves, 29 de enero de 2015

¿Y qué diablos son los afrodisíacos?


4ff6b455b67733296400fca5

El término afrodisíaco es ante todo un adjetivo. Con él se califica cualquier cosa que estimule uno de los apetitos que más nos seducen: la carne, así seamos vegetarianos. No es extraño que algunas mujeres se estremezcan con una barba descuidada. Y nosotros en ocasiones nos vemos obligados a cruzar la pierna ante la visión de un vestido corto y unos tacones puntudos. Barba y tacones llegan a ser afrodisíacos Quien lo dijera.
Una balada romántica y una copa de vino, en una terraza de noche, pueden resultar muy peligrosos. La lectura de Boccaccio en voz alta en un picnic en un bosque solitario. Incluso, usted lo sabe, pero es de lo más común, las uñas de los pies pintadas de rojo llegan a generar gran tensión sexual en la población masculina. Y bueno, qué pena tener que decirlo como si fuera un maldito hippie playero con guitarra: todos hemos tenido “conversaciones afrodisíacas”.

La conclusión es que cuando se trata de estimular el apetito, entramos al colorido y divertido terreno de los gustos, los caprichos y los fetiches. Yo, por ejemplo, recuerdo que en esa miserable etapa de la adolescencia, la tanga de una vecina colgada en un alambre de patio, encendía en mí un afán terrible de encerrarme en el baño. La adolescencia es una etapa triste de la vida, llena de dudas e inseguridades, y más cuando se estudia en colegios con exclusividad masculina o femenina.

De modo que el término afrodisíaco es un concepto, una idea, una opinión, una subjetividad que abarca mucho más que los remedios, menjurjes y amasijos para levantar durezas.

Un helado también puede ser afrodisíaco

Así como tiene lógica que unos tacones rojos o un baile de tango nos provoquen una vibrante revolcada, así mismo se puede concluir que existen sustancias naturales con efectos positivos en el deseo carnal. Por ejemplo, hay alimentos que favorecen la vasodilatación y aumentan el flujo sanguíneo y por lo mismo son afrodisíacos. Por otra parte, hay alimentos que incrementan la energía y la vitalidad, y de esa manera ayudan en el desempeño íntimo. La marihuana, por ejemplo, también podría considerarse afrodisíaco porque aumenta la sensibilidad y el alcohol porque disminuye la inhibición. -Pero ojo, solo una copa, porque si son más, el efecto puede ser contraproducente hasta poner a cabecear la estimulación y el paroxismo-. Incluso un helado con algunos chistes y unos besos pueden despertar el estímulo y contribuir químicamente para mejorar nuestro estado anímico. Ahora, y esto es irremediable: nada más afrodisíaco que el buen humor.

El poder de la mente y el placebo

El término afrodisíaco viene de Afrodita, divinidad griega relacionada con la fecundidad y la energía primaveral. Lo que sucede es que el mercado abusa con grandes afirmaciones y promesas. Los afafrodisíaco son promovidos por el mercado y las farmacéuticas porque resulta muy lucrativo. Conforme un producto se publicita como afafrodisíaco la mente se programa y lo hace funcionar como tal. Porque eso también está demostrado: el poder que tiene la mente sobre el cuerpo. La garantía del placebo funciona tanto para dolores de cabeza como para el ánimo en la alcoba.

No es lo mismo deseo que excitación

Llegados a este punto hay que diferenciar entre deseo y excitación. A la hora de hablar de estímulos, la queja más común en las mujeres es la falta de deseo sexual y motivación. Cosa contraria sucede con los hombres, quienes por lo general se mantienen’ arrechos’, pero pueden tener problemas físicos de excitación, problemas mecánicos, por decirlo en términos gráficos. Por un lado: los hombres -por lo general- viven motivados y las mujeres -por lo general- hay que motivarlas.

Por el lado de los hombres: se desvelan con sus problemas “mecánicos”.

Por el lado de las mujeres: no tienen que lidiar con problemas de irrigación sanguínea.

Por lo tanto, los afafrodisíacos para unas serán diferentes para los otros. Para ellas tendrán que solucionar los inconvenientes motivacionales. Y para nosotros, deberán solucionar los temas del cuerpo.

La diferencia que hay que hacer es la siguiente: No es lo mismo sentir deseo a estar excitados. El deseo es una motivación mental. Por otro lado, la excitación es la respuesta física. Cuando me lo explicaron y luego en el metro, iba de pie agarrado de la barra superior, cerrando los ojos y repitiendo: deseo mental versus excitación física. Deseo mental, excitación física. Iba como un niño chiquito, intentando grabarme a fuego la diferencia.

Siendo estrictos el viagra no es un afafrodisíaco


Los problemas mecánicos en las mujeres son de carácter de lubricación y en los hombres en la erección. En las mujeres, el problema mecánico de lubricación se soluciona fácilmente con aceites. En los hombres el problema mecánico de erección ya se soluciona con viagra.

Ahora, la vaina es solucionar el problema mental de motivación. En los hombres, este inconveniente es más escaso. Pero en las mujeres, es el más común.

El Viagra soluciona problemas de excitación física, problema de carácter masculino. El principio activo del viagra se llama sildenafil. Viagra es solo la marca comercial de Pfizer, aprobada en 1998. El nombre más genérico para la viagra es inhibidor de fosfodiesterasa. En otro post explicaremos cómo funciona su principio químico. La viagra no provoca erecciones. Luego de tenerlas, las mantiene. Y lo hace inhibiendo los componentes químicos que intentan acabar con la erección.

El viagra mantiene la erección, pero no desarrolla el deseo. Pero si el deseo y la líbido existen, efectivamente el riego sanguíneo será mucho mayor y la erección más intensa y duradera.

Que el viagra sea una droga con un mayor uso masculino no indica de ninguna manera que en la investigación científica impere el machismo. Eso han dicho las feministas, entre otros. Pero no es así. Primero, porque el origen del viagra fue una casualidad. Nadie estaba pensando en hombres o mujeres cuando Pfizer investigaba la hipertensión arterial. Tampoco quiere decir machismo el hecho que solucione un problema mecánico, de excitación, un problema del hombre. La mujer tiene otros problemas: el deseo. Lo que indica, más bien, es que lo hombres somos demasiado básicos. Incluso fáciles de curar. En la falta de deseo femenino influyen mucho más los factores socioculturales, de pareja y psicológicos. Por eso a las mujeres hay que curarlas con alternativas que aumenten las hormonas del deseo, con alimentos y experiencias que aumenten la dopamina, la adrenalina o la testosterona. A ellas habrá que aumentarles el deseo con romanticismo, con viajes y emociones.

¿Los afrodisíacos sirven? Claro que existen y funcionan. El tema es que hay que entender qué son y que para hombres y mujeres los afrodisíacos a veces son los mismos, y a veces completamente diferentes.

Fuente: el tiempo

No hay comentarios: